Independiente se quedó con el Clásico de Avellaneda en una noche que tuvo de todo: tensión, polémicas y un momento que marcó el rumbo del partido.

El Rojo volvió a imponer su peso en su casa y dejó en claro que hay cosas que no cambian.
En la primera mitad, Racing tuvo la gran oportunidad de ponerse en ventaja desde los doce pasos. Tras una mano de Sebastián Valdéz sancionada por Leandro Rey Hilfer a instancias del VAR, Adrián Martínez tomó la responsabilidad. Pero lejos de asegurar, eligió picarla y la pelota se fue por encima del travesaño.
Ese momento cambió todo. La euforia se apoderó del Libertadores de América y dejó una imagen particular: el cruce entre Rodrigo Rey y el delantero rival. Tras el encuentro, el arquero profundizó sobre la jugada y su reacción.
“Maravilla patea casi siempre ahí, es una tendencia que tenemos estudiada. Cuando vi que la picó, me generó esa sensación de que me estaba canchereando. Por eso me salió gritárselo, fue algo del momento”, explicó. Y agregó: “Después me frené porque vi que se venían todos y no quería que pase a mayores. Son cosas del partido, quedan ahí”.
Además, Rey destacó la importancia de esa jugada en el desarrollo del clásico: “Si ese penal entraba, el partido era otro. Nos dio vida, nos mantuvo en juego y también nos levantó anímicamente. A partir de ahí el equipo creció”.
Lo cierto es que Racing tuvo su chance y la desperdició. En un clásico, y más en Avellaneda, esos detalles se pagan caro. Independiente lo entendió mejor, jugó con el contexto y terminó quedándose con un triunfo que se gritó con el alma.
Porque en el Infierno no hay lugar para la soberbia. Y esta vez, quedó demostrado.


