
Desde Avellaneda hasta el Maracaná, pasando por finales internacionales, la organización volvió a quedar bajo la lupa.
La suspensión del partido entre Independiente y Universidad de Chile en Avellaneda no fue un hecho aislado: la Conmebol arrastra un historial de operativos fallidos y protocolos incumplidos. A lo largo de los últimos años, distintos escenarios mostraron que la Confederación no estuvo a la altura para contener a las hinchadas y garantizar la seguridad.
En Miami 2024, la final de la Copa América entre Argentina y Colombia se retrasó más de una hora por el caos en los accesos, con miles de hinchas colándose sin control.
Un año antes, en el Maracaná 2023, la represión policial contra los argentinos derivó en que Messi y el plantel se metieran en la tribuna para auxiliar a los hinchas.
Los antecedentes son muchos: en la Sudamericana 2012, Tigre se negó a jugar el segundo tiempo en Brasil tras denunciar agresiones de la seguridad local.
En 2024, Colo-Colo fue sancionado tras la invasión de campo de sus hinchas ante Fortaleza; y, ahora, lo vivido en Avellaneda 2025, donde la violencia de los hinchas visitantes obligó a suspender el partido del Rojo frente a la U. de Chile y dejó en evidencia la falta de reacción de los responsables de seguridad.